viernes, 13 de agosto de 2010

Carlos Francisco "El Charly" Arias, poeta de EL VIENTO. Elvio Romero, poeta del BARRILETE.

Publicaciones de la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento
Décima Cuarta Comunión Literaria. Recibida el viernes 27 de febrero de 2009.
Arias, Carlos Francisco.

Testimonio

Este muchacho que te escribe es cosecha 1981. Me cosecharon el 9 de febrero. Fui a parar a una gamela, pura cepa Malbec criollo. Me hicieron vino y acá estoy poniendo mejor año tras año. Espero no avinagrarme. Las últimas veces que te vi andaba medio desesperanzado y desanimado. Ya se me está pasando y empiezo a creer otra vez en este lugar. Después de 10 años en San Luis empiezo a entender cómo funciona todo esto... Textos míos tengo, pero necesito buscarlos porque no están pasados a máquina y datan de mi adolescencia más o menos.



¿Por que escribir? “…en el mundo moderno abandonado por la filosofía, fraccionado por centenares de especializaciones científicas, la novela nos queda como el ultimo observatorio desde donde podemos abarcar la vida humana como un todo” E. Sábato. “Abadón el Exterminador” (1974)

Hoy en día cuando abundan tantas palabras escritas, sean en papel o en Internet, me sigue dando vueltas en la cabeza la pregunta ¿por qué escribir?. Se me viene al recuerdo aquella pesadilla de Cortázar que escribió en “Fin del mundo del fin”, en la cual la producción de libros comienza a tapar la tierra, inundar los campos. Los libros forman montañas alrededor de los caminos. Los pobres hacen casas con libros y cemento, hasta que es necesario volcarlos al mar, con lo que se forma una pasta aglutinante que comienza a frenar los barcos hasta que éstos no pueden avanzar más.

Lejos de esa ficción, pero no tanto, existen miles de libros que nadie nunca leerá, aun cuando las estadísticas digan que las ventas de libros andan bárbaro. ¿Por qué la palabra sigue inspirando tanto a aquellos que se arrojan a la audacia de escribir poesía o novela cuando la gente prefiere leer el diario o las ofertas del supermercado, cuando la televisión esta prendida en la mayoría de las casas, la mayor parte del tiempo? Faltan lectores, sobran ganas de reconocimiento, sobran nuevos talentos en todas las ramas de la literatura.

La poesía esta privatizada, perdió su carácter público. Cada vez menos gente la lee acompañado, para o con los demás, y es precisamente allí donde reside su poder transformador, porque cuando se lee poesía frente a muchos se multiplican sus sentidos. A cada cual le queda resonando en la cabeza la palabra o el verso que lo hizo viajar por su mente como un niño en una calesita, rebotando en asociaciones tan íntimas que nos obligan a acurrucarnos con el que tenemos al lado, para que no se pierda ese escalofrío que recorre la piel como una ola, saltando de cuerpo en cuerpo.

Nuestra civilización impuso su supremacía cultural por sobre las sociedades ágrafas o primitivas a través de la sobrevaloración fetichista de la palabra escrita. Incluso se llegó a medir el desarrollo cultural de los pueblos según la cantidad de escritores y/o de libros que produjeron. Después vinieron con las reglas del lenguaje y las formas bellas de esculpir el lenguaje. Ya no bastaba solo escribir, sino que había que hacerlo bien y con el libro de ortografía debajo del brazo y un tratado de estética debajo del otro. Porque no vaya a ser que aparezcan tipos como Henry Miller, que estuvo mas de 20 años para que lo publicaran en su país, porque lo que escribía no se consideraba literatura sino pornografía.

Releo en un libro del Ministerio de Educación los objetivos de la materia Lengua en la escuela: “que el niño aprenda a decir más y mejor”. ¿Y por eso le matan las ganas de leer por placer, el terror por equivocarse en la ortografía o la gramática?. La lengua que se enseña en las escuelas está lejos de estimular a los más pequeños a la aventura de leer, a la conquista de la multiplicidad y riqueza del lenguaje. Aprenden mas sobre lengua en el recreo con sus amiguitos, escuchando historias prohibidas, malas palabras y otras yerbas, que en el aula con la maestra.

Al parecer la poesía en la escuela está al servicio del patrioterismo, el amor a la bandera y a los próceres, mas que en función del goce estético. Necesariamente tiene que venir con rima, esa vieja técnica memorística que posibilitó el aprendizaje de los cantos y poesías populares cuando las sociedades no necesitaban escribir. Los niños juegan con el sinsentido de las palabras, con el choque de sonidos más que con la coherencia gramatical. He ahí la fuente de la poesía, en la infancia; pero no el versito tonto que todos algunas vez aprendimos en un acto escolar, sino en el juego autónomo y creador, en la repetición fonética que borra eso que los adultos llaman el “significado”, como si estuviera ahí, duro, perpetuo como una estatua de mármol. La capacidad de quiebre del sentido que introducen los niños en este mundo no tiene ni comparación con las preguntas del más agudo de los filósofos. Tienen la profundidad de quién ingenuamente se asoma a esa frontera del lenguaje que más de un escritor cree pasar realmente, creyéndose el más vanguardista y rupturista de todos.
Condecoraron al señor general,
condecoraron al señor almirante,
al brigadier, a mi vecino
el sargento de policía,
y alguna vez condecorarán al poeta
por usar palabras como fuego,
como sol, como esperanza,
entre tanta miseria humana,
tanto dolor
sin ir más lejos.

Condecoraciones, Juan Gelman (Gotan)

El verso perfecto es buscado por anónimos escritores, mientras en la radio y la televisión los bravucones tienen el micrófono prendido todo el día para decir cuantas pelotudeces se les ocurran. El trabajo es lento, las recompensas no se sabe si llegarán. Queda la conciencia del trabajo bien hecho, dándose de cabezazos contra la pared de la mediocridad reinante. Gombrowicz en su Diario, incita a los jóvenes autores a que escriban 20 paginas sin control racional alguno, luego que las relean con agudo espíritu crítico, que conserven lo esencial y sigan así. Un perfecto equilibrio entre la ebriedad y la lucidez en la escritura.

Y no olvidarse de la “Oralitura”, o la tradición de los grandes relatos orales, representada por los escultores del lenguaje que rechazaron toda posibilidad de atrapar a las palabras, de encerrarlas en su cárcel de tinta y papel (las perras negras). Son escritores del viento, que dejan fugar los versos libremente a cuantas orejas se animen a escuchar.

Para Carlos Fuentes (en Terra Nostra) al lado de la memoria científica está la memoria del poeta, que al añadir a la historia real todos los acontecimientos que habrían podido pasar, contiene el conocimiento total de un pasado total. Para Girondo la poesía constituye la forma más alta de conocimiento, una intuición total de la realidad, con una autonomía irreducible, por lo tanto, a un lenguaje de relaciones establecidas.

Sean escritores de novela, poesía o narradores orales, es necesario que sigan circulando esas palabras, nacidas de una fuente íntima, desnudando el alma de las personas, animando a expresar la existencia como algo sagrado, bendito.

Charly el Titiritero, con su entrañable amigo, el artista plástico Daniel Boggio. San Luis, año 2009.


Editorial Papeles de Buenos Aires
Colección: La Pluma y la Palabra
Libro Número 14: De Caminante.
Romero, Elvio.

Declaración Jurada


De caminante

Heme aquí, con los de mi camino:
el Justo, el Pobre, el Perseguido
y el Rebelde. De parte alguna vino
mi voz, sino de ellos. Fui con ellos
a elegir mi posada, el desprendido
corazón. El pan, el vino
me fueron ofrecidos. Los destellos
de su ser me encendieron; ahora nada
tengo más que de un mundo compartido,
el compartido amor y la mirada.
Se me fue dado este cantar por ellos.
Heme aquí, derramado en mi camino.


Fuente: Libro LAS HOJAS. Compilación de Testimonios, notas, poemas, cuentos, crónicas varias, de escritores de la década del 60 y 70 que publicaron en la Editorial Papeles de Buenos Aires, Ediciones La Pluma y La Palabra dirigida por el poeta Roberto Santoro y escritores que han publicado en la Revista Cultural Latinoamericana (Guturalmente hablando) El Viento dirigida por la escritora Mónica Algarbe y el poeta Luis Vilchez. Año 2010. Colección: Libros de la calle.

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